El restaurante no tenía nada de especial.
Mesas de madera clara, luces cálidas, conversaciones ajenas flotando en el aire. Era el tipo de lugar al que uno iba para sentirse normal.
Valeria estaba sentada frente a Daniel, escuchándolo hablar con esa calma segura que lo caracterizaba. Él no necesitaba elevar la voz ni exagerar gestos; su interés se notaba en los detalles.
—¿Estás segura de que no quieres postre? —preguntó Daniel—. Dijiste que hoy había sido un día pesado.
Valeria sonrió, agradeci