La noche envolvía la ciudad en un manto de silencio y luces tenues. Afuera, la lluvia comenzaba a caer tímidamente, como si el cielo también se preparara para un momento sagrado, íntimo, que se gestaba tras las ventanas empañadas de aquella casa.
Mariana y Andrés estaban frente a frente, respirando el uno al otro. El ambiente se había vuelto pesado de deseo contenido, de miradas que hablaban más que mil palabras. Ella, con sus mejillas encendidas, mordía suavemente su labio inferior, intentando