La tarde estaba perfecta y suave con un tono dorado que se colaba por las cortinas de la cocina. Afuera, el canto de los pájaros y las carcajadas de Nicolás creaban un ambiente cálido, casi como si la felicidad hubiera decidido quedarse a vivir allí. El aroma a hierbas frescas y pan recién horneado se mezclaba con el suave perfume que salía del horno, mientras Mariana removía una olla con paciencia. A su lado, Sofía picaba con destreza unas verduras, sonriendo con esa complicidad que solo se co