—¡Buenos días!
La sonrisa de la rubia hizo que él pusiera cara de fastidio.
—¿Por qué todavía estás aquí? —su voz era amarga.
—Pensé…
—No estás aquí para pensar…
—¿Todavía estás molesto conmigo? —la chica preguntó tímidamente— ¿Te gusta más Alice que yo?
—¿Te atreves a hacerme una escena de celos? —se acercó a la rubia y la agarró de los cabellos.
—No, no, jamás lo haría —balbuceó.
—El hecho de que comparta mi cama de vez en cuando con ustedes no significa nada —le recordó con los dientes