—Alfa, la señorita Cadwell está bajando en estos momentos —el chofer informó.
Kael dio un largo suspiro, y se pasó la mano por la barbilla. No entendía el porqué estaba tan nervioso y su lobo inquieto. Incluso podía decirse que parecía un adolescente en su primer baile de primavera. Comenzó a mover su pierna izquierda, un síntoma de ansiedad que le hacía saltar el estuche de terciopelo negro que estaba sobre su rodilla.
La vio acercarse a la limusina, le dio gracias a la diosa por su genética