«¡Oye, estúpido! ¡Abre los ojos!»
Kael estaba todavía durmiendo.
«¡Qué te levantes te digo!»
El rugido de su lobo hizo que se cayera de la cama.
—¡J0d3r! —él exclamó furioso— ¡¿Qué c0jones es lo que te pasa?!
«¡Eres tan inútil que no lo sientes!»
Durante varios segundos Kael se quedó inmóvil, miró de un lado a otro y fue cuando entonces se dio cuenta a lo que se refería su lobo. Puesto que el más dulce aroma llegó inundó sus fosas nasales, haciéndolo desestabilizarse, incluso llegó a pensar qu