28- Perdidamente enamorada.

La habitación se había quedado en un silencio asfixiante. Nas no podía apartar la vista del teléfono, de esa foto suya bajo la palabra “desaparecida”, como si de pronto el mundo que intentaba ignorar hubiera irrumpido con violencia en su refugio.

Cuando alzó la vista, Dominik seguía de pie, imponente, con los puños cerrados a los costados. Su respiración era pausada, demasiado controlada, y eso la inquietaba más que cualquier grito.

—¿No vas a decir nada? —preguntó ella al fin, con la voz que
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