Isabella no respondió al mensaje.
Permaneció sentada en el asiento trasero del coche con el teléfono boca abajo sobre el regazo, Leonardo a su lado, la voz de Camila llenando cada silencio disponible y la ciudad deslizándose al otro lado de la ventanilla.
No volvió a mirar la pantalla.
Cuatro palabras.
Un número desconocido.
Las había leído tres veces antes de bajar del coche, todavía en la entrada de la mansión.
No había dejado que una sola emoción se reflejara en su rostro.
Y tampoco iba a pe