La cafetería que Camila había elegido estaba en el lado este de la ciudad.Pequeña. Tranquila. El tipo de lugar que nunca aparecía en las listas de los mejores cafés y que tampoco lo necesitaba.Isabella llegó primero, exactamente como había planeado.Escogió una mesa junto a la ventana, pidió un café negro y se sentó con la espalda recta, las manos relajadas sobre el regazo y la mirada fija en la puerta.Había ido caminando desde la mansión.Veinte minutos atravesando la ciudad bajo el aire frío de la mañana, mientras las palabras de Leonardo seguían resonando en su mente.Ten cuidado. La situación es más complicada de lo que imaginas.Había dado vueltas a esa frase durante todo el camino y siempre terminaba llegando a la misma conclusión.Él había dicho aquello para proteger la situación.No para protegerla a ella.Había una diferencia.Y ahora Isabella comprendía esa diferencia de una forma que no había entendido dos años antes, cuando firmó un contrato que había sido modificado sil
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