El tercer Alfa entonces le puso cuidado al toque de las manitas de su sobrino, lentamente dió vuelta la cabeza hasta verlo de frente.
— Cachorro, no le vas a hacer daño al tío Massimo, ¿Cierto? Se bueno, se bueno. ¡Damiano, ven aquí rápido!
— ¿Qué pasa? Haces tanto escándalo de la nada.
— Ten, carga a tu cachorro. — El Alfa entregó al lobezno que además lloriqueó porque su tío lo estaba abandonando. — ¿Cuándo pensabas decirme que tenía una granada en los brazos? ¿Qué pasa si me hace explot