un castigo peor que la muerte.
Una vez que terminó de ayudar con sus heridas a la doctora que estaban visiblemente mejor, el rey volteó con mucho cuidado a Elizabeth y la arropó antes de salir. Solo que unos momentos antes la había observado con detenimiento y le había dado un beso en la frente.
El Alfa se lamentaba por lo que ella había tenido que pasar, la madre de su cachorro era de lo más importante para él. La culpa lo consumía, le había prometido que la protegería pero ahora por poco la asesinaban, sentía que le había