En ese momento la bella platinada ya no era la mujer que estaba defendiendo a su bebé de ese hombre que creía que con dinero podía comprarlo todo, ella ahora era la pediatra, la doctora que había jurado salvar vidas a costa de lo que fuera.
— ¡Oh por dios, un niño está en peligro, debí ir, debo ir a atenderlo de inmediato!
— Tu no te puedes marchar de aquí, ¿Creés que no se que intentarás escapar en la primera oportunidad que tengas?
— ¡Se trata de la vida de un niño, no puedes impedi