Luna y faraón.
De camino al salón, Alexandra, seguía preocupada por qué el vestido ya no lo podría usar en la recepción. Y a decir verdad estaba hermoso.
— Luna, no estés triste, es solo un vestido, puedes cambiarte, con cualquier cosa que vistas te verás bellísima.
— Lo dices solo porque no eres tú el que está engordando, ya no queda nada del vientre plano que tenía, ahora hasta el vestido rompí. — Alex, hizo un puchero.
— Estás embarazada, es normal que te crezca la barriga. Tranquila, no quiero q