Elizabeth caminaba de un lado a otro por la habitación, ¿Cómo se le había ocurrido enamorarse de ese Alfa que tenía un aura tan imponente y peligrosa.
Él era frío, seco, dominante, quería controlarlo todo, incluso su vida, además estaba la cuestión de que lo de ellos estaba prohibido por ser una humana, las dos razas no podían mezclarse. Pero ya no podía dejar de sentir lo que gritaba su corazón.
La bella mujer platinada pasaba sus manos por su vientre, aunque tenía un mes pasado de embaraz