Elizabeth no entendía nada, ¿En manos de quién estaba? Ese hombre era capaz de hacerle daño si seguía pidiendo que la dejara ir, ¿Qué podía hacer?
El Alfa echó un vistazo a la comida..
— Debes alimentarte bien por el bien del bebé, siéntate aquí, yo te llevaré las cosas.
— No tengo mucha hambre, creo que mejor voy a recostarme.
— Si no comes por ti misma voy a alimentarte yo, no vas a dejar al bebé sin comer.
— ¿Cómo quieres que coma si me estás encerrando aquí? Ahora mismo me tienes