Dime... ¿Tienes una esposa?
Las palabras del poderoso hombre, de alguna manera tranquilizaban a elizabeth, si el los protegía, si los cuidaba, no había que temer, porque algo le decía que esos italianos no eran cualquier familia.
— Me alegra saber que quieres defender la vida de mi hijo, por un momento temí que no quisieras que lo tuviera, y que quisieras obligarme a abortarlo. Si tú hubieses hecho algo así, yo...
— No lo digas, eso no va a suceder, no soy ese tipo de hombre, pero dime, no sabes nada de mi, un hijo