Alma gemelas.
En el hospital privado, en una habitación privada, el faraón recibía a su bebé.
— Señor Méndez, le hemos traído a su hija, es un encanto, mírela.
El hombre que vestía en un fino traje, se acercó lentamente hasta que la enfermera le puso en los brazos al pequeño bulto.
La niña hizo sonidos que llenaron de ternura el corazón del egipcio, se movió haciendole saber a su padre que ya estaba ahí.
— ¡Mi princesa... una nena, bienvenida a la vida cariño!
El faraón descubrió el rostro de la pequeña que estaba despierta, entonces pudo ver sus propios ojos en ella.
La dicha que el faraón sentía al cargar a su bebé, era indescriptible. Besó la frente de su hija, la arrulló, y le cantó.
La niña estaba de lo más cómoda en los brazos de su padre. Y él... El no podía dejar de verla, su sueño de ser papá, se había hecho realidad, además de que era el fruto de su amor con su amada Oriana.
— Veo que ya conociste a nuestra hija, ¿Verdad que es muy linda?
La madre era llevada a la ha