Alma gemelas.
En el hospital privado, en una habitación privada, el faraón recibía a su bebé.
— Señor Méndez, le hemos traído a su hija, es un encanto, mírela.
El hombre que vestía en un fino traje, se acercó lentamente hasta que la enfermera le puso en los brazos al pequeño bulto.
La niña hizo sonidos que llenaron de ternura el corazón del egipcio, se movió haciendole saber a su padre que ya estaba ahí.
— ¡Mi princesa... una nena, bienvenida a la vida cariño!
El faraón descubrió el rostro de la