Una reunión en Egipto.
El faraón no daba crédito a las palabras del rey de los vampiros, y lo que es más, no la aceptaba.
— ¿Qué diablos estás diciendo? ¡Este vampirito me detesta, solo está inventando esto para fastidiarme!
— ¡No me estoy inventando nada, lo que dije es verdad, pude sentir cuando mi alma gemela llegó al mundo, es por eso que vine aquí! ¡Faraón, tú me odias, no quieres que el pequeño Vladimir sea tu yerno!
— ¡Siiii! ¡Es justo eso! ¿Por qué debería de aceptarte como yerno si tú solo me has hecho la guerra desde que llegué a la mansión de los Gambino! ¡Estoy en todo mi derecho en querer a otro yerno!
— ¿A quién quieres? ¡Seguro que piensas que los lobos son mejores que nosotros los vampiros! ¿Cierto?
— Pues... ¡Siii! Ellos son leales, de carácter fuerte, pero adoran a sus lunas, las tratan con respeto y cariño. En cambio los vampiros son fríos, son tenebrosos, sanguinarios...
— ¡Faraón, tu mujer es una vampiro! ¿Acaso ella tiene esas características que estás mencionando? — V