El nombre de Eldric permaneció sobre la mesa mucho después de que dejáramos de hablar de él.
Nadie parecía dispuesto a ser el primero en romper el silencio. La caja metálica seguía abierta entre nosotros, rodeada de documentos amarillentos, anotaciones incompletas y secretos que, durante quince años, alguien se había esforzado por mantener enterrados. Afuera, la noche había terminado de caer sobre el territorio de la manada Luna de Plata, y el viento golpeaba las ventanas de la habitación con u