Zane
La noche caía sobre el territorio de los Colmillos Plateados mientras Zane observaba desde el balcón de su cabaña el movimiento de su manada. Sus ojos, afilados como dagas, seguían cada sombra, cada movimiento entre los árboles. Pero su mente estaba en otro lugar. En ella.
Luna. Incluso su nombre le provocaba una sensación extraña en el pecho, como si algo dormido durante años comenzara a despertar. Apretó con fuerza la barandilla de madera hasta que sus nudillos se tornaron blancos.
—Mald