Zane
El amanecer se filtraba por los ventanales de la habitación principal, bañando con su luz dorada el rostro dormido de Luna. Zane la observaba en silencio, memorizando cada detalle: la curva de sus pestañas, el ritmo pausado de su respiración, la forma en que su cabello se esparcía sobre la almohada como un manto de medianoche. Algo dentro de él se había transformado desde que ella apareció en su vida, algo que ni siquiera creía posible.
Con cuidado para no despertarla, se levantó y caminó