Mariana y Alberto
Por momentos parecía que el taxi sacara manos con picas para escalar esa carretera, mientras el motor roncaba como anciano afónico y la gravedad los apretaba contra los espaldares de los asientos. Un viaje difícil, aunque eso no impidió que Alberto le siguiera preguntando a Luisa sobre su requerimiento.
—¿Cómo es que no nos puedes ayudar?— Alberto sentía que la sangre le llegaba a la cabeza. —Al menos nos lo hubieras comentado abajo en su barrio; nos hubiéramos ahorrado esta s