EL GRAN ALFA
El vapor se disipó en aquel páramo, el lago desapareció y sucedió lo que todos temían: la gran bestia pudo ser divisada gruñendo.
—Está débil, sigamos atacando, observen que ya es de tamaño normal, esa cosa no puede con nosotros. —El enorme Alfa encabezó el ataque sin mirar si lo seguían. Sintió el olor a azufre que exhalaba su adversario y contempló atacarle el cuello para decapitarlo.
El demonio levantó los brazos, exclamando: —Esperad, ya me calmé, no quiero luchar más. Además,