LIGIA
—Alberto, siento varias mentes, además de una que es como si abarcara todo este espacio; es superraro, me tiene confundida.
—se me hacía extraño que estuvieras callada y quieta.
—¿Qué? Pero si te estoy tocando desde hace un buen rato.
—Disculpe, señorita, pero es a mí; es que lo hace bien y además hace mucho que no me tocan, que me estaba gustando mucho. Por favor, continúe, hágalo sin pena ni respeto.
—¡Alto, eso no puede ser! ¡Prendan la luz! —Las palabras de Ligia hicieron que la caver