Mundo ficciónIniciar sesiónSHEILA
Safor intentó incorporarse, tratando de buscar con su atrofiada vista a su salvador, imaginando que era su guardaespaldas más fiel. Al no ver a nadie, bajó su mirada para encontrar a Sheila, quien, a pesar de estar herida, embistió por la espalda al viejo Sancho. El cual se levantaba, sacudiéndose, girando para retomar su ataque. Aún desorientado por el golpe, le gruñó: —Qué sorpresa, un golpe traicionero de la traidora Sheila, la única sobreviviente del clan de los traidores.
Sancho los atacó a la vez; mediante un salto, golpeó con un gancho izquierdo a Safor, que lo hizo girar dos vueltas y con una patada ascendente levantó del piso a Sheila, para rematarla con un puño derecho, que la aventó contra una pared de un viejo edificio abandonado.
La loba intentó levantarse, respiró profundo para agarrar fuerzas, se transformó en humana, para intentar tapar sus heridas con las manos, pero fue peor, sintió que las entrañas se le salían por las rasgaduras, el daño era muy grave y no conseguía autocurarse. Se acurrucó considerando escapar. Mientras Sancho se entretenía con Safor, no alcanzó a terminar su pensamiento cuando sintió que su cabeza le estallaba. Un sabor dulce le recorrió la nariz a la vez que un chorro caliente le brotaba que la ahogaba, aunque eso no importó cuando otra vez su cuerpo chocó contra la dura pared que se derrumbaba por el choque.
Entre los escombros ella volteó la cabeza; se dio cuenta de que Safor estaba encima de su cuerpo; también estaba transformado en humano, aunque ambos parecían otros seres por las heridas, la sangre y el polvo que los cubría. Ambas miradas se encontraron, casi una sonrisa se les escapó, cuando el mundo les giró, quedando todo de cabeza. Sancho levantó a cada uno de los talones, luego los aventó hacia arriba como si fueran una herramienta de excavar y procedió a lanzarlos contra la tierra, queriendo acabarlos con este golpe, pues ya se estaba sintiendo sin energía.
Ambos fueron abanicados contra el suelo tres veces más, dibujando sus siluetas en el piso por el poderoso choque. Sancho los soltó aullando; era su costumbre antes de acabar con alguien. Sacó las garras, se acercó a ellos, caminando, observándolos, analizando cómo cortarles las cabezas. Se le ocurrió que haría parecer la escena como si Safor la hubiera matado y que él alcanzó a llegar para vengar a la hija del jefe. O sea que tendría que terminarla primero. Con la mano derecha la levanto, agarrándola del cabello, y estiro para atrás su garra izquierda, fijando el cuello como su objetivo. Sheila, apenas si podía ver entre borroso, recordó su vida y sintió que había sido una miserable, siempre llena de odio y tristeza, pues siempre se sintió como una intrusa. Desde pequeña se dio de cuenta cómo los padres querían más a sus hermanos; el hecho de enterarse de que era una recogida fue en cierto punto un alivio, pues entendió por qué la rechazaban. En su mente le vino la imagen cuando sin querer hacía llorar a sus hermanos y su madre la azotaba sin consideración, o de las veces que observaba que consentían a Alberto y ella intentaba colarse en esta práctica; sin embargo, lo que provocaba era terminarla. Lo que le dejó un vacío en su barriga que creció hasta ocupar su corazón, y que le reclamaba llenarlo con venganza y muerte. Así que no le importaba que su vida terminara de esa forma; igual su existencia no hacía la diferencia; nadie la extrañaría, inspiró profundo, considerando que sería lo último que haría.
Sancho lanzó su ataque y le infligió tanta fuerza como cuando jugaba baseball. “Será un hit” pensó, pero sintió en su cuello unos colmillos, y de un codazo retiró al agresor. Sintió la sangre saliendo de su cuello. Esto lo enfureció, aunque se sorprendió al analizar que Safor, a pesar de su mal estado, pudo atacarlo y se reincorporaba parándose en guardia, además de que le gritó: —No tienes idea de los descubrimientos que hemos realizado en mis laboratorios. Mientras ustedes son unos bárbaros dedicados al crimen que reinvierten sus ganancias en lujos, yo la invierto en buscar la forma de mejorar la especie. Un ejemplo es esta sustancia que me acaba de inyectar, que recupera mis energías por completo, causando que me regenere en segundos.
Safor le enseñó una jeringa vacía, que arrojó lejos.
—Eso significa que puedes aguantar más de mis golpes, qué excelente noticia—; Sancho hizo crujir sus dedos, apretándose las manos, y se abalanzó saltando como un león, con las garras extendidas, alistando la mandíbula para rematar con una mordida a la yugular.
A Sheila le pareció como si todo sucediera en cámara lenta, pues Sancho casi tocaba con sus garras a Safor; se podría pronosticar que lo partiría en varios pedazos y al último instante le esquivó los ataques dando un paso al costado. Las garras del anciano chocaron contra el suelo, desquebrajando el asfalto. Aprovechó esto para girar; con sus piernas se impulsó para contraatacar a su presa, lanzándole un zarpazo de gancho derecho que se vio como si lograra atravesar al lobo joven. No obstante, este se agachó para luego propinarle un golpe en la mandíbula que le hizo cerrar el hocico. Sin darle tiempo de reaccionar, le asestó una patada en el estómago, lo que causó que el viejo cayera al piso, donde se transformó en el pequeño lobo gris normal, su verdadera forma.
—Eso quiere decir que eres uno de los de sangre pura; naciste con estos poderes o maldición, hay quienes lo ven de distinta manera. En cambio, yo nací humano, pero fui transformado en una noche de luna llena. Un monstruo salvaje entró en nuestra mansión, acabó con todo el personal y nos mordió, a mis padres, a mis hermanos y a mí. Por esa razón colocamos centros de investigación, para encontrar la cura a esto, hasta que descubrimos que lo podíamos utilizar para nuestros propósitos y para los negocios—; Safor se transformó en lobo, enseñando sus colmillos, caminando rumbo al cuello de Sancho, quien vociferó: —Ya lo sabía. Esa fue otra pésima idea de mi jefe. Se le ocurrió que, transformando a la familia rival, los podría controlar y anexar a la manada. Él no contaba con que tu padre se convertiría en otro Alfa.
—Qué bueno que no te llevaste ese secreto a la tumba. —Safor gruño, al tiempo que sea abalanzó sobre el viejo, lanzándole una mordida a la garganta, que terminó rompiéndole los brazos al anciano, quien en un reflejo intento protegerse. Sin embargo, esto no lo detuvo y lo siguió confrontando, administrando mordiscos que desgarraban el cuerpo del viejo, hasta que el dolor y el cansancio vencieron al antiguo guerrero y no pudo evitar que su enemigo le separara la cabeza del cuerpo. De esta forma terminó la vida del legendario Sancho.
Sheila ensayó sonreír, a la vez que tanteaba apretarse una de sus heridas para frenar la hemorragia, pero se cortó con una de sus costillas rotas que se le salía del abdomen. Entre quejidos menciono: —Bien hecho, mi querido Safor, sabía que lo lograrías. Por favor, ayúdame a salir de aquí, o si tienes otra de esas pociones, dámela. Estoy dispuesta a ser lo que digas, seré tu esclava. Te prometo que lo intentaremos de nuevo, seremos una familia con muchos hijos.
El lobo se le acercó, le lambió la cara, se volvió hombre, para contestarle: —Ojalá todo fuera tan simple, empero, no es de esa manera—, le dio un rodillazo en el estómago que la hizo quedar sin aliento, le agarró la cabeza para torcérsela de la misma forma que se liquida una gallina, no sin antes acercarle la boca al oído para susurrarle: —es que no es necesario. Después de todo, ya tenemos un hijo. Sé que es sorprendente, debido a que la última vez que lo viste salía siendo solo un pequeño feto de tu panza, lo consideraste occiso. Sin embargo, logramos salvarlo y ahora está creciendo feliz. Es una verdadera lástima que nunca conocerá a su madre.







