ALBERTO
—Ciro, gracias. ¿Dónde cojo?
—¡Corre de nuevo a los lanzamientos! —la capibara contestó mientras recibió varios golpes de parte de Mixtlán, quien luego lo volvió polvo.
—No te dejaré ir, no después de lo que me hiciste. —Mixtlán extendió sus alas negras para impulsarse, lanzándose para golpear con sus cuatro patas al lobo y enviarlo contra el techo de la cueva.
—No, debo buscar a mis compañeros. —Alberto intentó frenarse en el aire, pero ni en este raro mundo lo pudo hacer. Lo único que