Varias semanas habían pasado desde el encuentro secreto entre Coromoto y Blas en el ascensor.
Coromoto y ángel habían regresado y aunque aún permanecían las dudas en él, todo estaba bien entre ambos.
El hospital, con su rutina inquebrantable, seguía siendo el lugar donde todo comenzaba y terminaba para ellos. Entre las luces frías de los pasillos y el incesante ir y venir de enfermeras, médicos y pacientes, su amor crecía en silencio a pasos agigantados. Ya no era necesario esconderse de nadi