Él pensaba que las ganas de poseer a Cara desaparecerían un poco cuando se hundiera en dentro de su cuerpo —grave error—, porque eso no sucedió. Quería ir despacio, estaba tan exquisitamente apretada. Al punto que quería aullar como un hombre de las cavernas, puesto que su lado egocéntrico y machista comprobó de que ningún otro había estado de la misma forma con ella. Apretó los dientes de solo imaginárselo.
Quería ir despacio, para que se acostumbrara a su invasión, a su tamaño, a su grosor.