Un suave gemido de placer, y un gruñido de satisfacción hizo eco en la habitación cuando sus cuerpos terminaron de alinearse y se sincronizaron, haciendo que Bastiaan se enterrara hasta la empuñadura dentro de su feminidad, un gruñido ronco se escapó de sus labios. Porque lo que estaba sintiendo le parecía un poco posible.
—¡J0d3er, Cara! Estás tan apretada —le susurró al oído con voz gutural—. Ahora que me diste la oportunidad, no la desaprovecharé.
—¡Oh, Bash! —jadeó con la respiración entr