—¿Cara? —su amiga la trajo de vuelta a la realidad, ella la miró con angustia, y con la respiración entrecortada, lo que hizo que le pusiera las manos sobre los hombros— No debes temer por nada, ya todo pasó —le dio una sonrisa—. Lo que pasó con Walter no te perseguirá jamás.
«¡Lo dudo!, quiso gritarle.
—Está bien, pero…
—Nada… —terminó Astrid por ella—. Has llegado en un buen momento…
—No te entiendo —Cara negó con la cabeza.
—Mañana por la noche tendremos una fiesta de la empresa —su amiga