Todavía el ambiente estaba tenso en la mesa, pero Minerva hacía como si no pasara nada. Astrid apretaba los puños al verla tan imponente.
—Siéntate a la mesa de una vez por todas —le dijo su tía.
—No voy a sentarme a la mesa, se me quitó el hambre…
—Les diré a las empleadas que cierren la cocina, después de que terminemos de cenar —Minerva la miró y enarcó una ceja—. No podrás comer, ni siquiera prepararte un sandwich.
—Siempre puedo pedir una pizza o ir por unas hamburguesas, lady Minerva —r