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—La verdad que no tengo nada en el refrigerador —les informó Astrid, con gesto inocente.
—No es que la cocina sea lo tuyo —Leander disfrutaba haciéndola enojar.
—Yo creo que si no te gusta la atención aquí, tienes suficiente dinero como para irte a un hotel —espetó Astrid.
—¡Por favor! —Bastiaan les llamó la atención—. Pidamos algo para comer y listo, ya después se resuelve —miró a Cara para preguntarle: —¿Alguna indicación del médico con la comida?
—No, hasta ahora —respondió.
—Entonc