Continuación inmediata del capítulo anterior.
No pudo concentrarse en la lectura; por más que trató, no hubo caso. Eso y que su mirada viajaba sin querer hasta el otro extremo del salón. Comenzó a tamborilear los dedos sobre la superficie de la mesa, en un gesto impaciente. La espera se alargaba con cada segundo que pasaba y le urgía beber su té. ¿Por qué ese mocoso no le…?
—Disculpa la demora —No, no era la voz chillona que esperaba oír—. Aquí tienes.
Una taza humeante de té fue depositada con