Inhaló y exhaló hondo y comenzó a caminar rumbo al mostrador. Se colocó su mejor cara de póker; por nada del mundo dejaría que los sentimientos se apoderaran de sus acciones o reacciones, no por ahora y menos delante de la chica. Eso lo reservaba para Noam.
—Noam —llamó, con tono serio y adusto.
El niño borró todo rastro de alegría de su rostro y alzó la barbilla, pretendiendo meterse en el papel de gerente. A su percepción, no lo consiguió.
—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Noam.
Já, como si