Continuación inmediata del capítulo anterior.
Inhaló y exhaló hondo varias veces, sosegando el enojo. Miró fijo los ojos del mocoso y se percató del tenue miedo emergiendo de ellos. Se maldijo una y otra vez.
—Jamás te haría daño, Noam —musitó—. Seré un tipo malhumorado, un idiota enojón, un maldito espurio que es incapaz de darse cuenta de muchas cosas, pero nunca te lastimaría del modo que pensaste.
—Eliel, ¿qué…?
—¿Te estoy haciendo daño? —cuestionó, en un susurro.
—No, no de esa manera —Hab