Estaba un poco nervioso… No, no eran nervios. Era… vergüenza. A la mierda. No había nada de malo en lo que estaba por hacer. Además, no sería la primera vez y mucho menos la última. Desde que descubrió que le gustaba usar ciertos objetos en la intimidad, se había hecho un poco aficionado al asunto. Su primera experiencia dentro del campo BDSM había sido buena y aprendió ciertos artilugios que le fueron gustando mucho más a medida que incursionaba en ese mundillo. Ciertamente, con el paso de los