Su teléfono vibró dentro del bolsillo del pantalón. Echó una mirada hacia la izquierda; Luisa lo observaba con una ceja arqueada.
—Como que tengo que ir al…
—Sin excusas. Ve y atiende el teléfono —Una sonrisa de disculpas esbozó en torno a la chica—. Quita esa sonrisa mal disimulada. Ahora ve y habla con tu novio, gerente irresponsable.
—¡Hey!, soy un buen gerente —espetó, arrugando la nariz.
Luisa rió por lo bajo, negando con la cabeza. Se llevaban más que bien, al punto de confirmar que eran