Continuación inmediata del capítulo anterior.
Bueno, era realmente sugestivo percatarse del cambio en el rostro y voz del chiquillo.
—¿Y tú sí? —preguntó, solo… por mera curiosidad.
—¡No! —Oh, ¿y ahora qué bicho le pico al mocoso?—. Bueno, sí, pero no es como lo estás pensando. Él es…
—No me interesa —interrumpió—. Me voy. Ya desperdicié mucho tiempo aquí.
—¿No puedes quedarte un poquito más? —Se colgó la mochila en el hombro derecho—. Puedo traerte otra taza de té y será por cortesía de la cas