Mi nombre es Eliel.
No sabía cómo sentirse, tampoco quería indagar mucho en la broza de su mente ahora mismo. Una parte de sí le decía que había hecho lo correcto al entablar una pequeña, casi insignificante, charla con el chico. Otra parte de sí aún se encontraba bastante laberíntica, por decirlo de alguna manera. Y la otra… Bueno, le decía que se largara de allí y no mirara hacia atrás. Hizo caso omiso a esto último, no tenía sentido buscar la quinta pata al gato cuando era obvio que no existía una quinta pata.