Se despidió de sus padres, prometiendo que iría más seguido a verlos. Su mente estaba atosigada de pensamientos enredados. Quizá fue mala idea contarles sobre los acontecimientos que vivió en los últimos meses (sus jóvenes vecinos, el longevo que le recordaba a su abuelo y el chiquillo de la cafetería), pero realmente necesitaba desahogarse y contarlo todo. Por supuesto, su madre lo reprendió al enterarse del trato que él brindaba al —según palabras de su progenitora— «pobre muchachito» de la c