Ulises bajó al garaje con pasos rápidos Pero llenos de ira que parecían hacer retumbar el suelo. Su asistente lo esperaba junto al vehículo pero al ver el cargamento de armas que Ulises arrojaba con violencia en el asiento trasero (un rifle táctico y dos pistolas automáticas) se interpuso en su camino.
— Señor, esto se está saliendo de control. ¿Por qué está actuando como si fuera a ir a la guerra? — empezó a decir su asistente con la voz tensa.
Ulises ni siquiera lo dejó terminar. Lo tomó por la solapa de la chaqueta y lo estampó contra la columna del garaje, hundiendo el cañón de una de las armas en su mandíbula.
— No te metas en mis asuntos si no quieres que el próximo cargador se vacíe en tu cara — siseó Ulises con los ojos llenos de furia — Aléjate de mi vista si quieres seguir respirando.
Soltó al asistente quien se quedó recuperando el aliento y arrancó el auto. El rugido del coche retumbó en el garaje como si estuviera advirtiendo de que algo malo pasaría.
Ulises condujo como