Extra #37.
La desilusión era un lujo que Eva no podía permitirse. En ese restaurante, sus sentimientos no valían más que el agua sucia con la que fregaban los suelos. Aunque cada fibra de su ser gritaba por huir y esconderse en el rincón más oscuro del puerto, la campanilla del reservado volvió a sonar con una insistencia arrogante.
No había otra opción. El resto del personal corría de un lado a otro y Roberto la fulminó con la mirada desde lejos, dándole la orden silenciosa de subir.
Eva respiró hondo, s