Eva sintió el frío del cristal roto bajo sus pies y se obligó a respirar. Sabía que si Ulises sospechaba que Theodore era una amenaza real o un aliado, lo cazaría hasta el fin del mundo. Tenía que convertir a Theo en nada. En un cero a la izquierda.
— ¿Quieres la verdad? — dijo Eva, forzando una expresión de absoluto desprecio — La verdad es que Theodore Mendieta no tiene ni la menor idea de quién eres tú, ni de lo que haces, ni siquiera de mi vida privada y aunque hayamos sido amigos en la inf