Extra #63.
El coche negro se deslizaba por las calles lluviosas de la ciudad como una sombra silenciosa. En el asiento trasero, el cuerpo de Eva yacía encogido con la respiración pesada y errática. El efecto del cloroformo aún nublaba su sistema, pero su cuerpo reaccionaba al ambiente.
Ulises, sentado en el asiento del copiloto, no apartaba la vista del espejo retrovisor. Notó un leve espasmo en los hombros de Eva y un temblor fino que recorría su piel pálida.
— Está temblando — dijo Ulises, su voz era un