Extra #64.
El despertar de Eva fue como si hubiera tratado de salir de una cosa pegajosa. Sus pulmones ardieron con la primera bocanada de aire real y el sabor metálico del sedante aún le amargaba la lengua.
Sus ojos se abrieron de golpe, desenfocados, encontrándose con un techo de vigas de madera oscura y una lámpara de araña que proyectaba sombras largas y distorsionadas, como dedos negros sobre las paredes de papel tapiz descolorido.
El pánico le atenazó la garganta. Antes incluso de que su visión se a