Extra #65.
— ¿Cómo...? — empezó a decir, pero su voz se quebró.
— Te lo advertí, Eva — continuó Ulises, y esta vez se escuchó el sonido de pasos acercándose a la puerta desde el otro lado — Te dije que en esta ciudad no hay sombras donde puedas esconderte de mí. Me mentiste sobre él.
El cerrojo electrónico de la puerta emitió un pitido agudo y la madera pesada se abrió lentamente. Ulises estaba allí, recortado contra la luz del pasillo, con las manos en los bolsillos y una mirada que atravesaba a Eva como