78.
Un fuego me subió por las piernas, el estómago se me contrajo, y entonces él retiró los dedos con la misma facilidad con que los había metido.
Alejandro me tomó de la cintura y me guio al borde del jacuzzi donde el corcho frío me invadió la piel cuando me senté. Me separó las rodillas con ambas manos y se colocó entre mis muslos, la punta de su sexo rozando mí, me separé más.
— Dime que quieres — ordenó con voz ronca.
— Te quiero dentro — respondí.
Entró de una sola estocada tan amplia que mi c