70.
— ¿Qué diablos es esto?
— ¡Alejandro! — Isabela corrió en un mar de lágrimas hacia él, estrechándolo entre sus brazos temblorosos. — Mira lo que hizo Ámber parra aruinarme, ¡dañó mi fiesta completamente!
La tensión se hizo muchísimo más pesada cuando escuchamos el débil llanto de Isabela que se aferraba a Alejandro como si su vida dependiera de ello, aunque técnicamente, así era.
— No puedo creer que los celos de Ámber hayan llegado tan lejos como para hacerme un montaje de esta magnitud en mi