46.
Marcus, el ayudante de Alejandro, era un hombre de complexión fuerte, pero el golpe de su jefe, cargado de frustración y furia reprimida, lo lanzó directamente contra el suelo de madera, derribando una silla en el proceso.
— ¡Me has fallado! — rugió Alejandro. Su voz, normalmente modulada y controlada, era ahora pura rabia. Se inclinó sobre Marcus, que intentaba incorporarse, aturdido por la fuerza del impacto.
— Señor... Lo siento, no entiendo — dijo Marcus, tocándose la nariz que ya empezaba