Llegamos a la amplia y ventilada habitación, toda acristalada, que observé atentamente.
- Siempre he querido ver tu casa... - confesé, mientras me movía por el lugar, analizándolo todo.
- ¡No lo sabía, chuchu! Podías haberme avisado antes.
- Aunque te lo hubiera dicho de antemano, no me habrías traído.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro?
- No me querías... - Pasé la mano por las sábanas blancas y limpias, suaves como el algodón.
- ¿Crees que mis sentimientos han pasado de ayer a hoy? - Me miró, ap